LA MAYOR VICTORIA
EN LA GUERRA GUASÚ GLORIOSA CURUPAYTY
Un 22 de
septiembre como ahora, en el año 1866,
La sorpresa fue el
16 de septiembre los encorazados toman posiciones para abrir fuego, los
enemigos forman (ahora ya estaban los otros, no solamente los brasileros, así
que eran muchos) y nosotros todavía cavando. ¡Casi me da un ataque! Pero por
suerte comienza a llover, y entonces suspendieron el bombardeo, y nosotros
aprovechamos para seguir cavando, porque la arcilla que hay por esa zona es
dura como la piedra cuando está seca, pero se deja trabajar cuando está mojada.
Así que no nos quejábamos de la lluvia, porque justamente gracias a la lluvia
podíamos trabajar... llovió durante días, tanto, que todo el campo se convirtió
en laguna y las lagunas se convirtieron en lagos.
Después salió el
sol, y entonces se endurecieron los parapetos de las trincheras, desde donde
podíamos balearlos con toda confianza, porque se levantaban bastante sobre el
terreno y tenían delante un foso de cuatro metros de ancho por tres de fondo...
Delante de eso venía un brazo de la laguna López, que nos protegía todavía más,
y delante una primera línea de trincheras, que era como un cebo, para que la
tomasen sin trabajo y después siguieran avanzando contra nuestra fortificación
principal.
Bueno, mis
muchachos eran gente especial: soldados de caballería pero que también servían
en la artillería en sus momentos libres, y que podían también hacer servicio de
zapadores... Ellos se lucieron con las trincheras de Curupayty, porque se
pasaron como veinte días trabajando día y noche, desde el 3 de setiembre hasta
la madrugada del 22 de setiembre... O sea que las terminaron justo a tiempo,
porque el ataque general que nos mandaron los aliados en Curupayty fue en la
mañana del 22 de setiembre del 66, una fecha que los paraguayos celebramos
todos los años como nuestra gran victoria nacional.
Antes tengo que
contarle una anécdota simpática.
En una de las
tantas reuniones de guerra que tuvieron los aliados (ellos no podían dar un
paso sin reunirse a discutir), el almirante Tamandaré dijo: Em duas horas, eu
descangalharei tudo isso. Estaba hablando de nuestras posiciones, porque era su
trabajo, como almirante de la flota que tenía los cañones más grandes,
bombardear un poco nuestras trincheras antes de que la infantería se lanzase al
ataque. Y bueno, yo no sé si el tipo se equivocaba o si tenía miedo, pero el
asunto es que comenzó a tirar desde lejos, por elevación, y nosotros le dejamos
tirar esas duas horas; noscallamos la boca y entonces pensó que había
silenciado nuestra artillería, y entonces dio la orden o si se quiere la señal
para que los macacos avancen, que avanzaron en cuatro columnas...
¡Esa fue la gran
batalla de Curupayty!
Centurión dice que
la batalla fue muy importante para todos nosotros. Para nosotros, porque
necesitábamos ganar de esa manera para levantarnos el ánimo que andaba un poco
bajo. Para ellos, porque necesitaban demostrar que eran valientes... estoy
hablando de los brasileros, porque a los argentinos los respetábamos más.
La verdad es que
se portaron como valientes, incluso yo diría como retobados. Porque ya cuando
venían avanzando nosotros veíamos romperse sus filas, a pesar de su buena
voluntad, y eran los que caían en las bocas de lobo, esos pocitos con una
estaca filosa con la punta para arriba que con la lluvia no se podían ver
porque todo el campo quedó lleno de agua, era un charco. Pero seguían
avanzando; venían con una disciplina digna de un paraguayo. Después llegaron
sobre los abatises ,esos árboles llenos de puntas que les sacaron más de un
ojo. Pero siguieron avanzando. Y así llegaron a la primera línea de trincheras,
que se la dejamos tomar.
Porque los
necesitábamos más cerca, todavía más cerca; tanto que ya escuchábamos el
murmullo de sorpresa cuando llegaron frente a nuestras trincheras sin la marca
de una bala. A ellos les habían dicho que estaban descangalhadas y habían
marchado felices, con sus uniformes de gala y con las cacerolas para cenar en
Humaitá. Pero cuando se nos llegan comienzan a desanimarse; se nota como una
especie de revuelo, pero los oficiales les dicen que sigan adelante y entonces
siguen no más esos pobres negros; siguen justito frente a la boca redonda que
los está mirando de nuestros cañones viejos. Pero viejos y todo sirven para
tirar metralla a quemarropa más que los rayados, como sirven también nuestros
fusiles a chispa para fusilar de cerca y no le digo ya nuestros cohetes
congrève...
Se portaron como
valientes, marchando en buena formación y con la bayoneta calada para
atropellarnos; todavía siguen avanzando después de nosotros largar nuestra
primera descarga con nuestros cincuenta cañones que dejan en pie menos de la
mitad; pero el resto continúa con ánimo, se tira al foso, pero allí se da
cuenta de que les faltan puentes y fajinas y escaleras para escalar nuestras
trincheras y mientras esperan con mucha paciencia a que se las traigan de
Curuzú los baleamos sin perder más de 90 de los nuestros.
Ellos dejaron en
el campo más de 10.000 muertos, que nos sirvieron para vestir a nuestros
hombres que ya andaban desnudos, y fue por eso que los desvestimos a los
muertos y los tiramos al río, porque mucho trabajo hubiera sido cavar tantos
entierros...
Y conste que no
aprovechamos la ventaja para perseguir al enemigo con la caballería cuando se
retiró corriendo; no salimos nosotros de nuestras posiciones. Y eso porque
cuando comenzaron a rajarse, el general Díaz le envió al Mariscal un telegrama
-López dirigía las operaciones desde Paso Pucú, a unos tres kilómetros del
frente-. El telegrama decía: Peina opotima lo camba (por aquí revientan los
negros). Naturalmente, era una comunicación confusa; el Mariscal, que estaba
lejos, no podía saber lo que pasaba, y por eso fue que no me permitió salir con
la caballería. Por eso fue también que después de Curupayty no lo ascendieron
al entonces coronel Díaz, que llegó a general después de muerto, aunque él había
comandado en jefe la batalla de Curupayty.
Yo lamenté mucho
que no me hayan dado una oportunidad de lucirme. Porque el comandante de toda
la caballería esa vuelta era yo, pero mi posición fue en la batería del Angulo,
bastante apartado del frente, y cuando comenzó la desbandada no me dejaron
salir con mis jinetes a perseguirlos. Pero de todos modos, parece que, mi
actuación le gustó al Mariscal López, por eso fui uno de los pocos ascendidos
en Curupayty.
Fuente: Biografía
de Gral. BERNARDINO CABALLERO
El Coronel Juan
Crisóstomo Centurión escribió en sus memorias sobre la gran batalla del 22 de
setiembre de 1866:
Es la batalla más
trascendental que ha tenido lugar en la guerra contra la triple alianza. Es la
victoria más positiva, más ruidosa y gloriosa que han alcanzado las armas
paraguayas y pesará eternamente en la conciencia de los aliados, y en
particular, en la de los argentinos, que han tenido que lamentar la pérdida de
muchos jóvenes aventajados pertenecientes a las familias más distinguidas de su
sociedad. Es, sin embargo, por otro lado, una hecatombe gloriosa para
brasileros y argentinos, porque representa el heroísmo de los dos, que sin
miedo ante el peligro y fieles a sus antecedentes, se lanzaron al asalto con
intrepidez y valentía.
Constituye un gran
recuerdo para el Paraguay, porque sintetiza las virtudes sublimes de que dieron
pruebas sus hijos en defensa de su derecho. Es un foco luminoso de inspiración
donde podrán ocurrir las generaciones venideras para retemplar su espíritu,
mantener vivo el sentimiento del deber y robustecer su patriotismo. Es una
gloria indiscutible, cuya aureola irá en aumento a medida que pasen los tiempos
atestiguando la pujanza, el valor y el heroísmo de la nación paraguaya. Sus
fundamentos tácticos fueron:
a) elección del
lugar en una zona impuesta por el enemigo.
b) intensos
trabajos de fortificación dentro de un espacio de tiempo también impuesto por
el enemigo.
c) defensa pasiva
d) ausencia de
concepción operativa de parte de la defensa
e) pérdidas
ínfimas en personal y en material con relación a las del adversario
f) resultados:
local y parcial, concretados en paralización de una operación ofensiva planeada
y ejecutada por el enemigo.
En el aspecto
operativo, significó la suspensión de una empresa y el abandono de una
dirección ofensiva. En el aspecto material, fue un costoso desgaste para el
enemigo.
Es el aspecto
moral brilla, por la fe en la causa nacional y se exalta ante la victoria. El
golpe sufrido por el invasor deriva en concesión obligada de un largo tiempo
que el Paraguay aprovecha para completar su organización interior, aumentar su
producción, y dar fin a su sistema defensivo en torno a Humaitá.
Mapa de la Batalla
de Curupayty del Libro El Napoleón del Plata de Manlio Cancogni e Ivan Boris
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