“Bautismo de Sangre y Fuego de los Cadetes de la Academia Militar”.
Los “Cachorros de León”; jóvenes y
gallardos cadetes, confundidos como comandantes de secciones y de grupos de
combates, artilleros, se lanzaron con entusiasmo admirable, al asalto de las
temibles y reciamente defendidas posiciones bolivianas, de esta manera
recibieron su bautismo de Sangre y Fuego en los campos de batalla del Fortín
Boquerón, muchos de ellos inmolaron sus vidas en defensa de la Soberanía
Nacional.
𝟭𝟳 𝗱𝗲 𝘀𝗲𝘁𝗶𝗲𝗺𝗯𝗿𝗲 𝗱𝗲 𝟭𝟵𝟯𝟮 – 𝗘𝗹 𝗰𝗮𝗱𝗲𝘁𝗲 𝗲𝗻𝗰𝗮𝗿𝗻𝗮𝗰𝗲𝗻𝗼 𝗔𝗹𝗳𝗿𝗲𝗱𝗼 𝗦𝘁𝗿𝗼𝗲𝘀𝘀𝗻𝗲𝗿 𝗠𝗮𝘁𝗶𝗮𝘂𝗱𝗮 𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝗕𝗮𝘁𝗮𝗹𝗹𝗮 𝗱𝗲 𝗕𝗼𝗾𝘂𝗲𝗿𝗼́𝗻
La Batalla de Boquerón, desarrollada entre
el 9 y el 29 de setiembre de 1932, constituyó la primera gran prueba del
Ejército Paraguayo durante la Guerra del Chaco.
En aquellas difíciles jornadas, numerosos
jóvenes de Encarnación e Itapúa combatieron en defensa del territorio nacional.
El 17 de setiembre, después de un intenso
bombardeo de la artillería paraguaya, entró en acción el Regimiento de
Infantería N.º 6 “Boquerón”, integrado por jóvenes cadetes de la Escuela
Militar y comandado por el mayor Arturo Bray.
Entre ellos se encontraba el cadete
encarnaceno del último año Alfredo Stroessner Matiauda, quien con 19 años,
tenía a su cargo uno de los tres morteros Stokes-Brandt empleados durante el
ataque.
Mientras una fracción del R.I. 6 avanzaba
hacia el fortín, fue sorprendida desde la retaguardia por el Batallón Montalvo,
perteneciente al Regimiento de Infantería boliviano N.º 14, que intentaba
introducir víveres y municiones en Boquerón.
El inesperado ataque provocó numerosas
bajas y obligó a los jóvenes, la mayoria cadetes adolescentes de cursos
inferiores a retroceder hasta su base de partida bajo un intenso fuego enemigo.
Guía: Juan Fernando Claure Pantoja
En esas circunstancias debieron abandonar
equipos y uno de los morteros.
El Stokes-Brandt de 81 milímetros pesaba aproximadamente 58 kilogramos y debía desmontarse para su transporte. Solamente la irregular placa base pesaba alrededor de 20,5 kilogramos y tenía que ser cargada sobre el hombro por uno de los integrantes de la dotación.
Transportar aquella pesada pieza ya
representaba un enorme esfuerzo en condiciones normales, (como se dice
coloquielmente, "molde va'í)
Hacerlo durante una retirada apresurada, atravesando el terreno chaqueño, bajo fuego enemigo y en medio de compañeros muertos o heridos, resultaba prácticamente imposible. Ante aquella situación, Stroessner y sus compañeros debieron abandonar la placa base y el tubo cañón.
Sin embargo, llevaron consigo el
dispositivo de puntería, pieza indispensable para calcular la elevación y la
dirección de los disparos.
Sin este elemento, el mortero quedaba inutilizado para su empleo eficaz inmediato por parte del adversario. Con el paso del tiempo, este episodio fue presentado de distintas maneras y, en ocasiones, separado de las verdaderas circunstancias en las que ocurrió. Una lectura histórica equilibrada exige comprender el peso del arma, la sorpresa del ataque, las bajas sufridas y la necesidad de impedir que el mortero pudiera ser utilizado contra las propias tropas paraguayas.
El 17 de setiembre quedó registrado como el
bautismo de sangre de los cadetes de la Escuela Militar.
Los cadetes Otazú y Pastor Pando se encontraban entre los jóvenes que entregaron sus vidas en aquella jornada. Doce días después, el 29 de setiembre de 1932, las fuerzas paraguayas recuperaron el Fortín Boquerón. La victoria fortaleció la moral nacional y demostró la resistencia, el sacrificio y la capacidad combativa del soldado paraguayo frente a condiciones extremadamente adversas.
El mortero abandonado durante aquel difícil repliegue fue recuperado con la reconquista del fortín. Su historia forma parte de la memoria de Boquerón y del homenaje que merecen los jóvenes de Encarnación e Itapúa que combatieron en una de las páginas más trascendentales de la historia
TENIENTE 1° DE ARTILLERIA ALFREDO
STROESSNER MATIAUDA:
Fue un Oficial del Cuadro Permanente.
Pertenecio a la remesa N° 17 de Oficiales egresados de la Escuela Militar de
Asuncion, recibiendo su despacho de Teniente 2° de Artilleria el 1° de Octubre
de 1932, ya en pleno frente de batalla en el Chaco.
El Cadete de 4° Curso Alfredo Stroessner,
tuvo su bautismo de fuego el 17 de Setiembre de 1932 en la Batalla de Boqueron,
donde fue integrante del Regimiento de Infanteria N°6 "Boqueron",
formado por los Cadetes y Oficiales de la Escuela Militar, bajo el Comando del
Mayor Arturo Bray Riquelme.
Una vez ascendido a Teniente 2° de
Artilleria tras la Batalla de Boquerón, Alfredo Stroessner, al ser Oficial
Artillero, fue transferido inmediatamente al Grupo de Artilleria N°
1"General Bruguez", unidad en la cual Stroessner combatió durante el
resto de la Guerra del Chaco.
Tras la Guerra del Chaco, Alfredo Stroessner siguió la carrera militar, llegando al grado de General. Es así como permanecen presentes en las páginas de nuestra historia, los cadetes; Pastor Pando, Carlos Sisa, Oscar Otazu, entre otros, que derramaron su sangre joven bajo la sombra de la sagrada tricolor.

Comentarios
Publicar un comentario