El 27 de octubre de 1955. Las distintas facciones internas del Partido Colorado conciertan un “Reencuentro partidario”
El 27 de
octubre de 1955 se realizó en Asunción el denominado
Reencuentro Partidario del Coloradismo, convocado por la Junta de Gobierno de
la Asociación Nacional Republicana.
La reunión buscó superar las profundas divisiones internas que habían enfrentado durante años a distintas corrientes del Partido Colorado, especialmente después de la Guerra Civil de 1947.
Participaron dirigentes de sectores como los democráticos vinculados a Federico Chaves y los guiones rojos encabezados por Natalicio González, junto con figuras como Tomás Romero Pereira y Juan Manuel Frutos.
El encuentro culminó con un abrazo simbólico entre representantes de las facciones enfrentadas, gesto que fue presentado como expresión de reconciliación y unidad partidaria.
DISCURSO PRONUNCIADO POR EL EXCMO. SR.
PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA GRAL. DE DIV. DON ALFREDO STROESSNER ANTE LA
HONORABLE CONVENCIÓN DEL PARTIDO COLORADO.
"Honorables
Convencionales: Como Jefe de Estado que tiene el origen de su mandato en el
seno de una convención de la Asociación Nacional Republicana, y en la
ratificación expresa de la voluntad de esa convención, por la voluntad soberana
de su pueblo, vengo ante vosotros, honorables Señores Convencionales, para
traeros el homenaje de mi respeto y mi palabra de fe en la misión sagrada que
os toca cumplir, al servicio de la Patria y del partido.
Como ciudadano que
recogió de la tradición del coloradismo, lo más puro que necesitó el hombre
para alistarse entre los fieles servidores de los destinos de la Nación vengo
ante vosotros, Honorables Convencionales, para sumar la voz de mi esperanza, a
la esperanza de todos los colorados que hoy se han hecho cita en este recinto
en el anhelo de trabajar unidos y sin descanso por la grandeza del Paraguay.
Como soldado que
forjó el temple de su espíritu en las lecciones de honor de nuestro pasado, y
se incorporó a la masa republicana por encontrar en ella la misma conciencia
histórica de la Patria, vengo ante vosotros, Honorables Convencionales, para
montar guardia ante la bandera junto a la presencia del espíritu inmortal, del
jefe por excelencia, el General Bernardino Caballero.
Quiero deciros en
este instante solemne que la misión de que me hice cargo en nombre de la
Asociación Nacional Republicana para dar cumplimiento a sus ideales y programa
desde el Gobierno, ha rendido, sus frutos en los hechos que hoy aseguran la paz
y la justicia en la República, y marcan el avance de nuestro pueblo hacia el
porvenir, por anchas y definitivas rutas de progreso.
Nos es honroso
afirmar que para llegar a los días de paz y de concordia que vive la Nación,
los afanes del Gobierno contaron con el decidido apoyo de la conciencia
ciudadana, y que con ese apoyo hemos sorteado todas las dificultades,
manteniendo indólume el prestigio de la Patria, con la bandera sin mancha de su
soberanía, y con la potestad de un pueblo dueño absoluto de la grandeza de sus
destinos.
Vivirnos en paz en
lo interno y en paz y en armonía exterior, sin el más leve peligro de que se
alteren las condiciones de vida de nuestros hogares, ni el juego normal de
nuestras instituciones, desenvolviéndose nuestras relaciones con los pueblos
hermanos y vecinos en un campo de alta comprensión y de solidaridad
internacional, como corresponde al espíritu y a la doctrina de nuestra América.
Si ya nuestros
ríos marcaron desde los orígenes de formación de nuestra nacionalidad, la ruta
de la hermandad por la que nuestros antepasados fueron para Mandar y defender
Ciudades en la Argentina y el Uruguay, también nuestras tierras esperan el
camino de unión con Bolivia a través de nuestro Chaco y de unión con el Brasil
por el Norte y por el Este, para dar a nuestra posición geográfica el valor
territorial de una Nación, que vive con el alma propia y a la vez Continental.
Cabe señalar, especialmente a este respecto, la fraterna cooperación de la
República de los Estados Unidos del Brasil, a más de la cooperación
internacional, tan lealmente cumplida por los Estados Unidos de Norte América
con nosotros, y cuyos resultados, tan fecundos en todos los órdenes, aseguran
la continuidad de nuestro progreso como fruto de nuestro esfuerzo y de la
política de buena vecindad que lo distingue a nuestras relaciones con los demás
pueblos hermanos.
Ya el señor
Presidente de la Junta de Gobierno, ha dicho en resumen la obra cumplida en el
breve tiempo de Gobierno transcurrido.
Quisiera agregar,
Honorables Convencionales, a tan ilustradas palabras, en las qué, también se ha
querido rendir un homenaje a la modestia de mi nombre, por lo que expreso, mi más
profundo reconocimiento, interpretando que tales palabras honran a todos los
colaboradores de mi gobierno, quisiera agregar, repito, que si el Gobierno ha
sido feliz en sus realizaciones y ha merecido un respeto ciudadano a su
conducta, es porque nunca falto para el éxito de nuestros propósitos la
colaboración total dula suprema autoridad partidaria.
Aun debo deciros,
Honorables Convencionales, que así seguiremos siendo en el futuro, seguros de
que las decisiones de esta Honorable Convención, la Patria y el Partido saldrán
ganando con el alineamiento cada vez mejor y más efectivo de los hombres
dispuestos a honrar con el aporte de su inteligencia y de su voluntad.
Al ser, en este
instante, objeto de una distinción especial, al entregárseme el Carnet
partidario, he de deciros, que me hago cargo del deber que significa no
solamente el documento de la filiación sino el número uno con que
inmerecidamente me honráis.
La Honorable Junta
de Gobierno de la Asociación Nacional Republicana, ha tenido el honor de contar
como un Jefe digno de sus expectables miembros, al Arquitecto don Tomás Romero
Pereira, en quien el coloradismo, tiene la figura que corresponde a la historia
del Partido, y la columna indestructible que se asienta sobre las virtudes de
nuestro pueblo. Reconozco en él al colaborador y al jefe de Partido, con cuyo
concurso espiritual, y con cuya intensa labor política, ha sido posible a que
Gobierno y Partido arribaran a la altura desde donde puede dirigirse con
satisfacción, con orgullo y con derecho a la Nación,
Honorables
Convencionales: Acudid hoy, a esta cita, bajo el signo de la unión colorada. Es
como si los colorados de ayer, de hoy y de siempre, formaran sus cuadros
entusiastas para seguir a la bandera del General Bernardino Caballero,
conscientes de que la batalla a ser ganada, será la conquista de una victoria
para la Patria. Una de mis grandes satisfacciones de Gobernante, y acaso la
mayor, es la de veros en esta Convención, sin odios que os separen, sin
rencores que sobreviven, sin ambiciones personales, que se antepongan a los
intereses de la comunidad. Se ha cumplido de esta manera, el ideal que
sustentara y expresara desde la fecha de la aceptación de la proclamación de mi
candidatura para regir los destinos de mi Patria.
Bien se que seréis
los fieles cumplidores de tan patriótica consigna, que a más, de afirmar en los
hechos la unidad ya inquebrantable de la familia republicana, equivale a un
ejemplo y a un gran paso que hará factible la unidad de la gran familia
paraguaya.
Podéis estar
seguros, Honorables Convencionales, que en las virtudes que practicáis,
sellando la unidad, como una expresión del más alto ideal patriótico, y de la
mas noble vocación política, os acompaña la ciudadanía entera, y con ella, en
modo especial y particular, las Fuerzas Armadas de la Nación, tan celosas como
el Gobierno y como la Asociación Nacional Republicana, por mantener en alto el
estandarte de los principios, y por sellar con su acción en el tiempo, el
porvenir luminoso del Paraguay.
Honorables
Convencionales: Que Dios y la Patria estén presentes en vuestros espíritus,
para que vuestras deliberaciones y vuestras decisiones, tengan el inmenso
mérito del pensamiento y de la voluntad de nuestros mayores. Que la sabiduría
del patriotismo sea vuestra sabiduría. Que las generaciones del porvenir
recojan como una lección de honor, las páginas que escribiréis en este
instante, y que el Coloradismo, sea la conciencia de la Patria misma, como una
proyección eterna y luminosa de los altos destinos del Paraguay",
Os exhortamos, pues a que obréis siempre inspirados por ese espíritu del reencuentro, siguiendo el ejemplo trazado por las personalidades más prominentes del Partido, olvidando intereses y eliminando pasiones personales.
Al someter a vuestro juicio la labor realizada y a vuestra
aprobación la memoria y balance de la Junta de Gobierno que me honro en
presidir, hago votos porque el más puro patriotismo y el más elevado ideal
partidario inspiren vuestras deliberaciones. La hora política que vive nuestro
Partido, reintegrados sus cuadros, recobrando la pujanza y el fervor de los
mejores tiempos, hace que miremos con optimismo y confianza el porvenir.
Todos sabremos cumplir con nuestro deber; el Partido Colorado cumplirá la alta responsabilidad histórica que le corresponde y, el Gobierno que preside el primero de los colorados, General Alfredo Stroessner, dará cima, felizmente, a la segunda reconstrucción de la Patria, en un clima de libertad, de respeto y de trabajo fecundo de la totalidad de los paraguayos.


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